NUESTRO COLEGIO

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miércoles, 15 de febrero de 2017

VIDAS INFINITAS



Bellotitas siempre había soñado con ser un cuento para niños de esos con letras grandes y muchos, muchos dibujos. Se imaginaba con las páginas dobladas de tanto pasarse, la portada gastada, incluso con algún manchurrón... Pero... parecía que los sueños de Bellotitas no iban a cumplirse jamás.

La mano que ahora agarraba el folio en el que se había convertido parecía dispuesta a tirarlo a la basura, allí donde ya descansaban la cáscara de un plátano y los restos de un bocadillo. En el fondo de aquella negra papelera, Bellotitas sabía que encontraría el final de toda su historia, una historia que había comenzado muchos años atrás, cuando nació siendo un pequeño roble con mil vidas por vivir.

Cerca, el joven Plastiquín se revolvía en las manos de otra niña. Estaba muy asustado al ver la cercanía de aquel agujero negro que parecía querer tragarlo para siempre. Nacido de la tierra, su sueño siempre había sido convertirse en algún juguete muy divertido. Creía haberlo conseguido cuando su dueña lo lanzaba a la espera de que cayera de pie sobre su cabeza, pero la última de las caídas había sido demasiado dura y ahora... ahora sólo era una pequeña botella rota que luchaba por no caer en el fondo de la basura.

Vitrio, que los observaba apoyado en la mesa de su dueño, supo que algo andaba mal cuando lo separaron de la cuchara que había estado haciéndole cosquillas hacía un ratito y lo levantaron en el aire. Sabía que podía romperse y, por eso, tenía terror a las alturas. Nervioso, vio a sus pies los restos de galletas, la piel de la naranja... y supo que su fin había llegado. Nunca llegaría a ser el jarrón adornado por pinturas que tanto esperaba, ni guardarían dentro de él hermosas rosas…

Pero, justo entonces, cuando los tres creían que todo estaba perdido, una voz serena y dulce sonó en la clase:

  • ¡Eso no va ahí!

Y una enorme mano los alejó de aquella bolsa de basura que amenazaba con hacerlos desaparecer de este mundo. Entonces, la vieron. Era la seño, la que había escrito sobre Bellotitas el nombre de su dueño; la misma que alguna vez había guardado en su cajón a Plastiquín por estar jugando cuando no debía; ésa que, minutos antes, había quitado la tapa de la cabeza de Vitrio. Con sus pendientes de cocodrilo, su jersey de lentejuelas y su sonrisa eterna, colocó con cuidado a Bellotitas, Plastiquín y Vitrio encima de su mesa.

  • ¿Es que no sabéis lo que es reciclar? Si tiráis a estos tres en la basura, ¡no tendrán la oportunidad de vivir otras vidas!
  • ¿Y qué otras vidas va a tener ese papel, seño? - Preguntó Lorena.
  • ¡Infinitas! - Sonrió la seño. - En primer lugar, aún queda mucho espacio en esta hoja. Sólo cuando esté totalmente llena, podremos decir que ya no sirve para escribir. Aún así... - cogió a Bellotitas y comenzó a darle forma - … seguro que todos sabéis qué es esto. - Terminó de montar el avión y lo echó a volar hacia Lorena. - Cuando te aburras de él, podrás tirarlo, pero en su sitio.
  • ¡El contenedor azul! - Dijeron varios niños a la vez.
  • Eso es. Así, podrá convertirse en otra cosa: una caja de galletas, un paquete de folios, un cuento...
  • ¿Y la botella? - Preguntó Lucas. - ¿Dónde la tiramos?
  • ¡En el amarillo! - Contestaron varios compañeros.
  • ¡Exacto! Si salvas la vida de la botella que tantas veces os ha divertido, le das la oportunidad de volver a ser utilizada como botella o como cualquier otra cosa de plástico, como el cochecito que tanto te gusta traer a clase... Si la tiras a la basura, se convertirá sólo en eso, en basura que nuestro planeta no podrá eliminar en muchos, muchísimos años...
  • Vale, seño, pero... ¿y mi vaso de yogurt? Ya no sirve para nada, se romperá enseguida…
  • En primer lugar, José, podemos lavarlo y convertirlo en otra cosa, ¿no crees? Quizás podríamos pintarlo y meter alguna flor que adorne la clase, ¿qué te parece? Y, si un día se rompe o ya no nos sirve, debemos tirarlo al contenedor verde redondito. Así, podrán convertirlo en otro vaso, en una botella de refresco o incluso ¡en una pecera!

Así pues, todos se dispusieron a darle una nueva vida a Bellotitas, Plastiquín y Vitrio...

Años más tarde, nuestros tres amigos volvieron a encontrarse en una casa. Vitrio, sobre una mesa, guardaba un hermoso ramo de rosas. Plastiquín era una pieza en una construcción de un niño pequeño y Bellotitas descansaba en los brazos de una niña que se había quedado dormida leyéndolo. A su lado, sonriendo, una mujer: aquella seño de pendientes raros y jersey de lentejuelas que, un día, fue su heroína...

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