NUESTRO COLEGIO

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viernes, 25 de noviembre de 2016

DÍA CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Hoy en clase hemos hablado sobre este tema y visto cómo puede estar reflejado en canciones. Os dejo una carta que escribí para un concurso hace tiempo en la que también se habla del tema, para que veáis cómo puede expresarse también desde el ámbito literario y... ¡para que leáis un poco!

Mí añorada hija:

Hace años que perdimos el contacto pero hoy, en el día más especial de tu vida, no he podido resistir la tentación de escribirte unas palabras. Te me casas, y mi obligación como madre sería acudir junto a ti a la Iglesia, sonreír entre lágrimas ante el Sí, Quiero; compartir mesa contigo durante la celebración y sentir que, definitivamente, te marchas de mi nido para formar tu propia familia. Sin embargo, esa posibilidad se me negó hace tiempo, y quizás sólo por eso estas letras tienen algún sentido. Y es que creo que hoy más que nunca tienes derecho a que tu madre, al fin, te cuente algo sobre la vida que quizás tú aún desconozcas. Hoy te acercas al altar radiante, convencida de que el hombre que te espera al final de ese pasillo es el príncipe azul con el que vas a compartir el resto de tu vida. Y, vida mía, yo deseo de corazón que así sea. Pero por experiencia te digo que en la vida real las perdices del final del cuento de hadas suelen estar envenenadas, y que los príncipes no son más que ranas disfrazadas; y que tú, mi princesa, no eres una frágil muñequita a la espera de su salvador. Eres mucho más.

Conozco a tu prometido. Sí, supongo que te sorprende, pero esta posición privilegiada me permite observar cada paso que das, cada error que cometes, cada momento de tu vida. Le conozco y reconozco en su mirada el amor que te profesa. Y, sin embargo, ni siquiera eso me deja tranquila. Con el paso de los años, a medida que el tiempo me ha cedido la virtud de la perspectiva, he comprendido que no fue la falta de amor la que marcó mi vida, ni la rutina que la convivencia trae consigo, ni los errores que yo creí que ambos cometimos. Por eso, ni esa sonrisa resplandeciente, ni esa esperanza en su rostro, ni esa felicidad que os rodea puede calmar mi ánimo. Hija, esto es todo lo que te puedo ofrecer tras tantos años de silencios sin respuesta, de verdades a medias, de preguntas que nunca formulaste pero que existían en tu corazón. Yo también me casé un día hace mucho años con el hombre de mi vida. Y no puedo decir que me equivocara al decir eso, porque pronto se convirtió en el dueño de mis días, de mi ser, de toda mi existencia. Su amor sincero pronto se convirtió en un control obsesivo que me impedía siquiera respirar sin que él lo supiera. Miedo, él tuvo miedo mucho antes de que lograra hacer del miedo mi propia forma de vida. Miedo a que le abandonara, a que descubriera lo débil y cobarde que era; y decidió demostrar su hombría a base de gritos, insultos y vejaciones que, finalmente, dieron paso a los golpes; golpes que dolían menos que las palabras pero que marcaron mi piel para siempre. Y yo… me creí todas sus mentiras. Que no valía nada, que no sería nadie sin él a mi lado, que era culpa mía… Tu luz vino a mi vida en una oscuridad absoluta y le otorgó al amor un matiz totalmente diferente; me entregué a ti por completo y juré que jamás permitiría que nada ni nadie te hiciese daño. Por eso hoy te escribo estas letras, para que tengas bien claro quién eres sin necesidad de que ningún hombre te defina; para que creas en tu valía y tu poder; para que sepas que la gente que te quiere te hace llorar, claro que sí; y que el amor hace daño, por supuesto; pero jamás te ha de hacer desaparecer como persona; para que no permitas que cada rosa que te regale tras una pelea represente una marca nueva en tu piel; para que los bombones con notas de disculpas no protagonicen tu historia de amor; y en definitiva, para que haya menos flores y menos dulces en tu vida porque tu vida en sí sea un dulce jardín donde vivir. Un jardín que tú misma hayas plantado por y para ti. 

Ahora te me casas, hija mía, y desde aquí te deseo toda la felicidad del mundo con una sola condición: que te ames a ti misma por encima de todo lo demás. Para mí ya es demasiado tarde. Un día el amor se le fue de las manos a tu padre y me hizo desaparecer por siempre de tu vida; condenándome a velarte desde este cielo que hoy me permite escribirte esta última carta de amor, precisamente para eso, para que el amor que sientes hoy jamás te lo borre nadie. Te querrá por siempre:

Tu madre.


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